Empezamos como dos adolescentes.
Miradas furtivas y sonrisas disimuladas.
Ganas descontroladas de besarnos y un miedo abismal al que dirán.
Prudentes en cuanto a caricias y confidentes en las palabras.
Noches furtivas de amor y cervezas.
Masajes en secreto y despedidas amargas.
No entiendo que paso o que fallo.
Todo acabó, el amor se fue y ninguno de los dos preguntó: ¿Por qué?.
Veranos cada vez más fríos, tanto que parecían inviernos desiertos.
Ni una sola palabra.
Solo las miradas podían desvelar las ganas que teníamos de regresar al pasado en tan solo una noche.
Y después de varios veranos vacíos el pasado regresó por una noche.
Las miradas y los besos avivaron el fuego que escondíamos.
Las caricias envolvían el frío de la noche en un calor de una mañana de verano.
Nos fundimos en uno y aquella noche la llama volvió a encenderse ; pero una despedida amarga hizo que se apagara la mañana siguiente.
Ha pasado el tiempo, la historia quedó estancada y nosotros tomamos caminos distintos.
Pero cada verano nos volvemos a juntar, y la llama se vuelve a encender.
Jamás lo admitiremos, aunque solo los dos sabremos que quizá estemos hechos el uno para el otro.
Ninguno dio un paso al frente para pedir algo más, aunque los dos moríamos y morimos de ganas por ser uno.
Jamás sabremos que podría pasar, o tal vez no tardemos mucho en poder saberlo.

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