sábado, 24 de octubre de 2015

Echo de menos tu olor.

Llega el otoño, las tardes de frío y café recién hecho.
Regresan los días de lluvia, los domingos de manta y película y el olor a tierra mojada.
Caen las hojas de los árboles, el olor de tu camisa impregna mi habitación.
Ya no estás y echo de menos tus abrazos.
Tu sonrisa a dos centímetros de mi boca.
Tus dedos dibujando corazones en mi espalda y los besos que me dabas por el cuello.
Sólo quedan las fotografías.
Las canciones de música hechas para los dos.
Las películas cursis de los sábados, las noches de fiestas y los amaneceres de después.
Solo quedan los recuerdos.
Los veranos ya no son calurosos.
Los baños en la piscina se acabaron y el mar llora tu ausencia.
Los castillos de arena han caído y tu nombre escrito en ella ha desaparecido.
Sólo queda tu camisa a rallas, que de olor impregna mi cuerpo.
Las lágrimas mojan mi cara, como la lluvia que golpea en el cristal.
Todo se oscurece, como el cielo a punto de una tormenta.
Caigo en la cama, como las hojas de los árboles caen al suelo.
Cierro los ojos y me doy cuenta de que ya no hay marcha atrás.
Jamás volverás, ni tú ni tu olor.
Por eso hoy es un poco más otoño, hace más frío y ya no quedan más hojas en los árboles.

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