El amor de tu vida, aquel al que sonreíste por primera vez de manera confidente.
Al cual miraste toda la noche, sin voluntad para dirigirte hacia él.
El roce de las manos antes de cogerlas por primera vez,
Las caricias por el cuello como preliminares y tu boca y la mía a tan solo dos centímetros de distancia antes de nuestro primer beso.
Se llama amor.
Sentimientos a flor de piel tan solo al verte o con un roce de piernas o de manos.
Amor al fin y al cabo.
Correspondido por un momento.
Roto y olvidado al segundo; pero reconstruido al minuto.
Dicen que dónde hubo fuego cenizas quedan.
Ese es nuestro caso.
Nos olvidamos durante un tiempo, y al segundo de vernos nos enamoramos.
Es un ni contigo ni sin ti.
Pero nunca nos atrevemos a ser valientes.
A apostar sin saber el resultado.
Ganar o perder da igual, pero a fin de cuentas arriesgar.
Creemos que podemos vivir así y estamos equivocados.
Vivimos en una completa mentira.
Tú me necesitas, yo te necesito.
Me quieres en tu vida y yo te suplico que estés en ella.
Por eso, apuesta por algo diferente a lo común.
Alguien que te saque de quicio y a la vez no puedas vivir sin ella.
Pero apuesta.

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