martes, 3 de noviembre de 2015

Apuesta

El amor de tu vida, aquel al que sonreíste por primera vez de manera confidente.
Al cual miraste toda la noche, sin voluntad para dirigirte hacia él.

El roce de las manos antes de cogerlas por primera vez,
Las caricias por el cuello como preliminares y tu boca y la mía a tan solo dos centímetros de distancia antes de nuestro primer beso.
Se llama amor.

Sentimientos a flor de piel tan solo al verte o con un roce de piernas o de manos.
Amor al fin y al cabo.

Correspondido por un momento.
Roto y olvidado al segundo; pero reconstruido al minuto.

Dicen que dónde hubo fuego cenizas quedan.
Ese es nuestro caso.

Nos olvidamos durante un tiempo, y al segundo de vernos nos enamoramos.
Es un ni contigo ni sin ti.

Pero nunca nos atrevemos a ser valientes.
A apostar sin saber el resultado.
Ganar o perder da igual, pero a fin de cuentas arriesgar.

Creemos que podemos vivir así y estamos equivocados.
Vivimos en una completa mentira.

Tú me necesitas, yo te necesito.
Me quieres en tu vida y yo te suplico que estés en ella.

Por eso, apuesta por algo diferente a lo común.
Alguien que te saque de quicio y a la vez no puedas vivir sin ella.

Pero apuesta.

sábado, 24 de octubre de 2015

Quedarse con la duda.

Empezamos como dos adolescentes.
Miradas furtivas y sonrisas disimuladas.
Ganas descontroladas de besarnos y un miedo abismal al que dirán.
Prudentes en cuanto a caricias y confidentes en las palabras.
Noches furtivas de amor y cervezas.
Masajes en secreto y despedidas amargas.
No entiendo que paso o que fallo. 
Todo acabó, el amor se fue y ninguno de los dos preguntó: ¿Por qué?.
Veranos cada vez más fríos, tanto que parecían inviernos desiertos.
Ni una sola palabra.
Solo las miradas podían desvelar las ganas que teníamos de regresar al pasado en tan solo una noche.
Y después de varios veranos vacíos el pasado regresó por una noche.
Las miradas y los besos avivaron el fuego que escondíamos.
Las caricias envolvían el frío de la noche en un calor de una mañana de verano.
Nos fundimos en uno y aquella noche la llama volvió a encenderse ; pero una despedida amarga hizo que se apagara la mañana siguiente.
Ha pasado el tiempo, la historia quedó estancada y nosotros tomamos caminos distintos. 
Pero cada verano nos volvemos a juntar, y la llama se vuelve a encender.
Jamás lo admitiremos, aunque solo los dos sabremos que quizá estemos hechos el uno para el otro.
Ninguno dio un paso al frente para pedir algo más, aunque los dos moríamos y morimos de ganas por ser uno.
Jamás sabremos que podría pasar, o tal vez no tardemos mucho en poder saberlo.


Echo de menos tu olor.

Llega el otoño, las tardes de frío y café recién hecho.
Regresan los días de lluvia, los domingos de manta y película y el olor a tierra mojada.
Caen las hojas de los árboles, el olor de tu camisa impregna mi habitación.
Ya no estás y echo de menos tus abrazos.
Tu sonrisa a dos centímetros de mi boca.
Tus dedos dibujando corazones en mi espalda y los besos que me dabas por el cuello.
Sólo quedan las fotografías.
Las canciones de música hechas para los dos.
Las películas cursis de los sábados, las noches de fiestas y los amaneceres de después.
Solo quedan los recuerdos.
Los veranos ya no son calurosos.
Los baños en la piscina se acabaron y el mar llora tu ausencia.
Los castillos de arena han caído y tu nombre escrito en ella ha desaparecido.
Sólo queda tu camisa a rallas, que de olor impregna mi cuerpo.
Las lágrimas mojan mi cara, como la lluvia que golpea en el cristal.
Todo se oscurece, como el cielo a punto de una tormenta.
Caigo en la cama, como las hojas de los árboles caen al suelo.
Cierro los ojos y me doy cuenta de que ya no hay marcha atrás.
Jamás volverás, ni tú ni tu olor.
Por eso hoy es un poco más otoño, hace más frío y ya no quedan más hojas en los árboles.

sábado, 17 de octubre de 2015

Como dos completos desconocidos

Y ya nada volvió a ser como antes. Tu y yo, nosotros, volvimos a ser desconocidos, que durante un tiempo se conocieron (o hirieron) muy bien. No me preguntes por qué o cómo, pero uno de los días mas tristes de mi vida fue aquel en que nos cruzamos y nos dimos dos besos en lugar de uno. No sé si me explico. Que aquel día nos miramos era todo maquillaje. Estábamos ausentes cariño. Tan quemados, tan perdidos. Y yo te hubiese dicho que te seguía buscando cada noche. Que aún tarareao nuestra canción cuando estoy sola. Que aún ojala nosotros. Pero porque iba a decirte yo nada, si ya lo habiamos perdido todo. Todo, que se dice pronto, tan rápido como perdimos aquello. Y recuerdo cuando me decías que cuidado, que eras un precipicio y yo tenía tendencia a resbalar. Hasta lo insalvable, hasta esas ojeras que ya ni maquillarme puedo, porque hay cansancios, hay ojeras, hay heridas que marcan el brillo de los ojos. Que mas da o a quién le importa que siga perdiendo en este no saber que hacer, si olvidarte o desangrarme un poco mas, con la esperanza de que vuelvas, y me digas al oído, que nadie ha sabido quererte, o escribirte, o quizás romperte, mejor.


sábado, 10 de octubre de 2015

Quédate Conmigo

Le volví a ver. 
Regresó aquella sensación.
Los esquemas volvieron a romperse.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo y sentí en un momento que el invierno había vuelto, y con el sus noches largas y oscuras; y los días nublados y lluvioso.
Recordé el olor a tierra mojada y el olor a café recién hecho, los gritos de los niños jugando con la nieve y el vaho que sale de mi boca todas las mañanas al salir a la calle.
Te miré a lo lejos.
Contemplé la manera en la que andas, la ropa que escondía tu silueta y la sonrisa de la cuál que me enamoré.
Te besé.
Sentí tus labios en mis mejillas y me entraron ganas de llorar.
Acabé preguntándome el porqué de nuestra seca despedida y cómo nuestras caricias no acabaron en besos apasionado.
Vi tu rostro y sonreí como una niña pequeña a la que acaban de comprar una piruleta.
Tímida y con voz temblorosa te pregunté como te iba la vida.
Sí, no me atrevía a preguntar más.
Quizá por miedo a oír una respuesta inapropiada.
Me hubiese gustado escuchar de tu boca un te echo de menos o que me hubieras cogido del brazo para darme un abrazo de esos que jamás terminan.
No llegó ese momento.
Sin embargo, te acercaste.
Me miraste a los ojos y me dijiste "Estas preciosa".
Te marchaste, pero una vez más, como te costumbre volviste la cara y te dirigiste a mi para decirme "Volveré a verte"
Fue en ese momento cuando me dí cuenta que lo nuestro fue una historia cualquiera y que aquel brillo de ojos que iluminaba tu cara podría volver a ser lo que no me dejaba dormir cada noche.

lunes, 27 de julio de 2015

El principio de todo.

Una mañana fría de Septiembre, un café me esperaba al lado de mis particulares galletas integrales, por supuesto. Un día nublado, sin más.
Tomé mi café con mi particular tranquilidad, por ella me caracterizo. 15 minutos después había terminado, sí ya lo se, 15 minutos para un café quizá sea demasiado.
Me dirigí a la habitación y allí estaban, unos pantalones color azul cielo y una blusa de color blanco, un blanco pulcro. Me disponía a vestirme cuando sonó mi peculiar "boing" de whatsapp. No hice caso y seguí vistiendome, mientras el whatsapp seguía con su particular sonido. Mientras mi móvil sonaba con énfasis preparé mi bolso. 
Estaba lista, me coloqué la cazadora vaquera, cogí el bolso, las llaves y el móvil. 
Me disponía a salir por la puerta cuando reparé en que me faltaba algo, efectivamente así era.
Regresé a mi habitación y allí estaba, una carpeta que guardaba en su interior un libro nuevo y sin estrenar. Sí, por fín era mi primer día de autoescuela.
Tomé el autobús de las 10 de la mañana, demasiado pronto después de un verano exhausto. 
Tras llegar, me senté en una silla y encendía el ordenador dispuesta a hacer un número infinito de test. Todo por aprobar cuánto antes.
Tres horas transcurrieron antes de volver a casa, tiempo que transcurrió de manera fugaz.
En ese momento mi móvil sonó, como de costumbre. Era mi padre, me esperaba para volver a casa a comer.
10 minutos fue el tiempo que tardé en estar entrando por la puerta de casa.
Sólo me quedaba comer, en el menor tiempo posible. Cambiar el bolso por la mochila  y poco más.
Impaciente volví a montar en el coche y mientras mi padre cantaba las canciones de la emisora radio fm yo me disponía pensar.
Sí, pensar lo que me depararía mi primer día de clase. Unos estudios diferentes a bachillerato, un horario de tarde agotador e incompatible con la vida y unos compañeros totalmente desconocidos.
Entré a las 15:30 y justo 1 hora antes de salir de aquel lugar, mis ganas no podían ser mayores, reparé en tu mirada junto a tu sonrisa.
Cruzamos varías miradas miradas complices y furtivas. Sonrisas que escondían ganas y a la vez miedo y vergüenza.
Justo en ese momento sonó el timbre y yo salí por la puerta como alma que lleva el diablo, deseando llegar a mi casa para cenar algo corriendo y sin muchos detalles contar como me había ido el día; y a la vez, en el fondo, tumbarme en la cama para cerrar los ojos y recordar aquellas décimas de segundo en las que "me enamoré"
Antes de salir por la puerta, te despediste con un "hasta mañana" y una sonrisa.
En ese momento supe que ese sería el principio de una historia que a día de hoy sigue escribiendo sus líneas.
Los dos sabíamos que ese sería el principio de algo que no sabíamos como acabaría.




domingo, 10 de mayo de 2015

Apareciste de la nada y me golpeaste tan fuerte como lo hace el viento en los días de tormenta. Te vi y al mirarte a los ojos me quedé helada, fría como el hielo. Sí, me rompiste los esquemas en aquel momento, bueno en realidad haces que mis esquemas se rompan todos los días.
Yo no podía para de sonreír, quizá disimuladamente para que no te dieras cuenta. Sólo para que no dijeras o pensaras quien es esa que sonríe como una loca.
El tiempo pasaba y no yo era capaz de encontrar una explicación a todo lo que me pasaba. Había días que pensaba seré sólo yo o mi imaginación, y otros días pensaba que quizá fuéramos los dos y aquella historia podía convertirse en verdad.
La verdad de las sonrisas que nos dirigimos cada día, la vergüenza de esconder lo que realmente sentimos y el orgullo de no ser capaces reconocerlo ante las personas que saben lo que existe entre nosotros y aquellas que desean con las mismas ganas que nosotros que demos el ansiado paso.
Paso que conlleva dudas, tantas dudas que a veces he llegado a plantearme que todo era cosa mía y que en realidad no existía nada. 
Nada que en realidad es todo lo que no te atreves a decir, lo que niegas con palabras y contradices con los hechos. Llámalo como quieras, indirectas o directas a tu manera, pero hechos al fin y al cabo.
Si tú eres de los que crees que el miedo puede más que las ganas estás completamente equivocada. 
Sí, no niego que tenga carácter o que pueda ser más fría; pero fíjate en cómo soy contigo, en los pequeños detalles o en las miradas y sonrisas que nos dirigimos. Y aun así, si sigues sin creer, pregúntale a la gente y estoy segura de que dirá que estamos hechos el uno para el otro, que hacemos buena pareja y mil cosas más que ya sabes, porque al igual que a ti me las han dicho.
Aunque no hace falta saberlas ni ser muy listo para darse cuenta de lo que hay.
Hay más sonrisas que enfados, y si hay enfados rápidamente vuelven las sonrisas. Hay miradas que lo dicen todo, tanto que somos capaces de devorarnos con ella e incluso saber y comprobar que ambos deseando que ocurra aquello que deseamos. 
Hay de todo, incluyendo en el todo, los días malos, en los que ambos preguntamos a la mínima que ocurre y es eso y una una sonrisa lo que hace que nos recompongamos al instante. La mirada del otro hace que por un momento se pare el mundo y seamos capaces de olvidar lo que antes nos hubiera pasado.
Podría ser capaz de enumerar miles de cosas que pueden evidenciar que existe una máxima tensión, que puedes clarificarla como quieras. Tensión que se nota todos los días con el tonteo que ambos nos traemos, en los piques que a cada minuto iniciamos, las tonterías que somos capaces de soltar por la boca y los celos que inconsciente o conscientemente mostramos.
Sí, se puede decir que es que no podemos vivir el uno sin el otro, eso sí siendo capaz de disimularlo en pocas ocasiones.
Sólo nos queda arriesgar, cosa que pocas veces hacemos y ver de que somos capaces. 
Seamos capaces de dejar a un lado la timidez, el orgullo y el miedo que nos caracteriza porque no se si sabes que ya nos hemos delatado, tú a mi y yo a tí. Bueno en realidad, nos hemos delatado ante los demás, ya que las ganas ahí están.
Ganas que no desaparecen, y que son capaces de cegarnos el pensamiento; pero recuerda que las ganas pueden más que la cabeza, las ganas acompañan a lo que el corazón siente y a lo que dice en silencio.
Decir es lo que tenemos que hacer, ser capaces de mirarnos a los ojos y decir la verdad de lo que sentimos.
El día que eso ocurra habrá acabado todo obstáculo y saldrá a la luz la historia que creemos que nadie sabe y en realidad sabe todo el mundo.

jueves, 30 de abril de 2015

Buscame

Buscate una loca ... De las que cuando piensas que ya no puede hacer algo mas estupido, va y te sorprende con algo inesperado. Busca a quien se ria a carcajadas, sin importarle en que lugar se encuentre o quien haya alrededor. Que haga bromas tontas sin que puedas evitar reirte y sin saber porque. Que cante por la calle con la musica de algun coche, que baile bajo la lluvia sin preocuparse de su peinado. 
Buscate una pesada, una tocahuevos, de las que juegan con tus puntos debiles o manias sabiendo que consiguen desquiciarte, que provoquen en ti unas ganas locas de ahogarla, a abrazos. Busca una humilde, sencilla y directa. Que llore, que grite, que tenga caracter. Que te monte numeritos pero los compense con muy buenas escenas. Que no sepas como va a reacciona, que tengas multiples personalidades y que consiga enamorarte con cada una de ellas. Y que solamente puedas callarla a besos.
Esa persona que hara todo lo posible para sacarte una sonrisa en los momentos mas duros, que te dara la mano y no te soltara hasta que no este segura de que mantendras el equilibrio.
Quien no haga falta que te diga nada, porque con la mirada te lo dira todo. Que te entregara todo desde el minuto cero sin pedirte nada a cambio... COMO YO

domingo, 1 de marzo de 2015

La duda de arriesgar o callar.

Arriesgar conlleva dos opciones ganar o perder, y dicen que aquel que apuesta todo a ciegas tiene todas las de ganar. Las contradicciones se producen por dos partes del cuerpo: la cabeza y el corazón.
La cabeza es parte sensata de nuestro cuerpo, aquella que dice lo que debes hacer, la que te indica lo que está bien y lo que está mal. La cabeza tendrá infinitas ventajas; pero es la única que no habla ni piensa con claridad.
El corazón, por el contrario, es el órgano que actúa, que decide apostar a ciegas, diciendo lo que realmente siente.
No siempre nos atrevemos a hablar con el corazón y así la mitad de las veces perdemos lo que realmente queremos. Aunque también en muchas ocasiones lloramos por haberlo hecho y en un número poco probable nos sirve para ganar.
El miedo es otro factor que juega en contra.
Hay tantos miedos, que la mitad de ellos ni los conocemos, la otra mitad los ocultamos y tan solo dos de ellos los reconocemos.
El miedo al amor es el más común y el más absurdo. Da igual cuánto miedo tengas a decir “te quiero” o cuanto temor tengas en confesar que alguien te gusta, ese es el momento de arriesgar
Por miedo nos perdemos cosas maravillosas, como perder al amor de tu vida o solo un lío pasajero; pero jamás nos paramos a pensar que dejar a un lado el miedo puede hacerte el día de mañana más feliz de lo que eres hoy.
Atrevete a decir a esa persona con palabras lo que dices cada día con tus ojos.
Atrevete a decir lo que tu pensamiento esconde y expresas mediante sonrisas.
Atreve a gritar a esa persona que apareció en tu vida y rompió los esquemas como nadie aún lo había hecho.
Atrevete a creer en la suerte de los martes 13, de los gatos negros o de los espejos rotos; pero sobretodo atrévete a no esquivarla.
Atrevete a mirar a los ojos y decir la verdad.
La verdad siempre lleva consigo algo bueno, aunque a veces sea peor el remedio que la enfermedad.
Acompaña la verdad de la demostración con hechos, y haz que los hechos se correspondan con las palabras.
El miedo al que dirán por mantener las apariencias es lo peor que uno puede hacer, al igual que mostrar las dos caras de la moneda por miedo a enamorarse o encontrarse con ese alguien todos los días.
Que más da, la vida es algo que se pasa más rápido de que creemos y pensamos, y no hacer lo que cada uno siente o desea en el momento adecuado puede conllevar lamentaciones, ya que nos pasamos la mitad del tiempo lamentándonos por lo que pudo o no pasar, en vez de hacer que pase.

El destino está escrito y las casualidades existen, no hace falta que busque nada porque llega sólo; pero lo único que debes hacer es que cuando llegué, sea o no el momento adecuado seas capaz de aprovechar la oportunidad.