martes, 27 de mayo de 2014

Realidad, amor y ficcion.

- Acuérdate de todo aquello que dijo aquel señor de ojos profundos, pelo laceo y rubio, de aspecto desarreglado y lleno de sabiduría. 
- ¿Qué dijo?
-¿ Es que ya no te acuerdas o qué?
-No, la verdad es que no.
- La historia que nos contó, la lección que nos dio a los dos.
- ¿Que lección?¿Qué dices?
- Ves, a esto me refiero.
- ¿ A qué?. Me estas sacando de mis casillas.
- Empezaré de nuevo, porque esta visto que tienes memoria para lo que le interesa.
- Bueno o empiezas o me voy.
- Allá voy. Íbamos los dos por la calle principal, tú pensando en tus cosas y yo como de costumbre riéndome en el grupo de whatsapp con mis amigas. De repente, nos paramos en un paso de cebra para cruzar. Así en cuestión de décimas de segundo, en un abrir y cerrar de ojos una chica empezó a cruzar un paso de cebra y un descerebrado no paró. Su moto llevó por delante a la chica que cayó al suelo desmayada, con un golpe fuerte en la cabeza y su sangre por el suelo debido a las grandes contusiones y graves heridas que recorrían su cuerpo.
- Un momento.
- ¿Qué?
- Creo que ya me acuerdo... ¿pero?
- ¿Pero qué?
- Nada...
- Entonces sigamos. Tu y yo estábamos en shock sin saber que hacer. Bueno en realidad nadie sabía que hacer, nadie reaccionaba. El tiempo parecía parado y lo peor, la moto parada seguía su curso sin pararse. El tiempo se activo de repente, sin tiempo para pensar que hacer o que decir. A unos pocos metros, el conductor de aquella moto giro la vista atrás y cayó de la moto. Saltaron chispas en la carretera y el conductor fue a parar hacia una pared contra la que se golpe. Aun así llevaba el casco puesto. Bueno, que me desvió de la historia. Corrí hacia la chica, el tráfico se paro. Los conductores y copilotos de los vehículos bajaron. Unos fueron corriendo a por el chico y otros corriendo a mi lado a socorrer a la chica. Todos querían tocarla y yo dije que nadie la moviera, era peligroso. Lo único que podían hacer era llamar a la ambulancia. Había adquirido conocimientos de primeros auxilios, y sabía como llevar la situación de los accidentes. Fui hacia la chica mientras venía el ambulancia, la intenté despertar y reaccionó. 
Volví a pedir ayuda para que la mantuvieran despierta y estuvieran al quite del ambulancia; mientras yo iba hacia aquel motorista que la había atropellado. Pregunté alrededor del chico y me respondieron con una sonrisa, estaba bien, o eso parecía. A simple vista solo tenía magulladuras y el golpe en la cabeza era secundario, o eso creíamos todo. 
Oí la sirena del ambulancia y corrí de nuevo hacía la chica. Estaba consciente aunque la costaba, la dije que aguantase que pronto terminaría todo aquello. En definitiva, lo único que esperaba era al ambulancia. Justo en ese momento llegó. Les informé de las dos situaciones y ambos equipos médicos se dirigieron a cada uno de los chicos. 
La situación de la chica empeoró tanto, que nada se pudo hacer por ella. La crisis que sufrió fue mortal. Mientras, el chico iba hacia el hospital en ambulancia.
- ¿Vas a terminar ya o que?
- Hay que pesado, ya voy. Todo se despejó en segundos, pero la imagen de aquel accidente no se borraría de mi en años. De repente, volví a la realidad y te busqué desesperada, hasta que te encontré en el suelo sentado, llorando, cabizbajo. Te pregunté que te pasaba y tu no quisiste contestar. Yo en vez de insistir más, evité preguntarte. Hasta que tú dijiste menos mal que no has sido tú.
Entonces, yo contesté que a que se refería conmigo. Y entonces tú me dijiste mirándome a los ojos, no quiero perderte, no lo soportaría. Simplemente sonreí y le dije venga vayamos a casa.
Nos disponíamos a continuar cuando un señor que había visto el accidente nos paró y dijo lo siguiente: no olvidéis nunca este momento, no para que recordéis el pobre destino de esta chica, sino para que exprimáis la vida por todos sus lados. Recordad que nada es lo que parece y que hoy puede ser el último día que piséis la calle .
Tu y yo solo agachamos la cabeza y fuimos hacia casa de nuevo.
- ¿Y para que me sirve tanto sermón?
- Ricardo joder, date cuenta.
- Darme cuenta ¿de que?.
- ¡Cómo que de que!, de aquello que me dijiste aquella tarde.
- Mmmm... No se, no me acuerdo.
- Joder, de que cualquiera de los dos, bueno mejor dicho yo, podía haber perdido la vida.
- ¿Y?
- Como que ¿y?. No me seas cínico, aquel día agachaste la cabeza y viste la realidad. Reconocelo, no te cuesta nada.
- Vale sí, aquel día me marcó y me aferró cada día a ti, aun en la distancia. No olvidaré aquella tarde jamás, y menos la idea de que tu podías haber caído allí, llena de magulladuras y heridas, con un golpe mortal en la cabeza. Y más que tu vida se hubiera escapado entre mis manos sin pode hacer nada.
- Ves tan difícil es reconocerlo.
- No.
- Entonces...
- Entonces nada, déjalo.
- ...
-Tamara, quiero que me prometas una cosa.
- A ver, ¿el qué?
- Esto es serio
- Yo estoy seria, dime.
- Quiero que me prometas que en la distancia, en la cercanía, juntos, separados o en cualquier lugar del mundo me llames cuando necesites, si es necesario todos y cada uno de los días que nos queden de vida. Solo con oír tu voz yo seré feliz.
- Prometido.
- Y una cosa más
- ¿El qué?
- Que nos digamos cada día de manera directa o a nuestra manera que nos queremos. Prima, hermana TE QUIERO.
- Yo si que te quiero, más de aquello que imaginas.

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