Las historias como esta conmueven a parte de gente a otra la repugnan y a la gran mayoría les son indiferentes. Mirar yo no quiero ni conmover ni repugnar y menos sentirme indiferente. Lo único que quiero es que aquel que lea esto - eso sí sin ninguna obligación - reflexione, cierre la pestaña o haga lo que realmente sienta, que es lo realmente importante. Yo soy partidaria de las historias, de las lecciones y de todo aquello que sirve para aprender y ésta historia - real por cierto - me ha conmovido y más porque la vivo de cerca.
Me acuerdo de aquel día que sonó el teléfono, como de costumbre en mi casa. Es una cosa que odio, sobretodo si ya ha sonado incontables veces. Bueno, eso ahora da igual. Yo como siempre me levanté dispuesta a cogerlo; pero mi madre se adelantó como de costumbre. Pregunté quien era y mi madre sin más dilación me lo dijo, y yo satisfecha regresé a mi habitación.
Después de una larga conversación por teléfono, algo más larga de lo normal conociendo a mi madre, el teléfono fue colgado. Yo salí de mi habitación desprevenida, a preguntar todos los detalles sobre la llamada - sí ya lo se, muchos me tacharéis de cotilla; pero yo lo tomo como que me preocupo por cada una de las personas que llama y más si son cercanas a mi-. Mi madre me contó todo lo que había oído al otro auricular y yo me limité a escuchar y ha asentir con la cabeza. Finalizada nuestra conversación me surgieron un montón de preguntas que no formule, porque ya sabía la respuesta - había vivido otra situación parecida-. Regrese a mi habitación y seguí a lo mio, hasta que salí a cenar, donde de nuevo salió el tema de conversación telefónica. Yo opté por escuchar y no hablar.
Bueno alguien se preguntará que porque tanto misterio, bueno pues porque quiero desvelar cada uno de los detalles sin alejarme de la realidad y menos sin meter a la gran parte implicada.
Sí, un amigo de toda la familia durante años había caído enfermo; pero la enfermedad según los médicos había sido cogida a tiempo. Su mujer era precavida, sus hijas un poco alocadas pero con los pies en la tierra y los amigos de alrededor sólo esperábamos buenas noticias acerca de aquel hecho.
No es la primera vez que esperas que todo salga bien y ocurra todo lo contrario. Así fue, las cosas fueron empeorando poco a poco. Si había algún hilo de ver la luz o de conseguir esperanza se esfumaba en la siguiente consulta con el médico. Yo seguía su evolución en silencio, como debía hacerlo, según su voluntad y la de todos.
Hoy, ha pasado casi un año y todo sigue su curso pero a peor. La enfermedad, esa de cinco letras que es tan temible a los ojos de todo sigue su curso. Nada ni nadie es capaz de pararla. Una vez se asienta sobre las células de tu cuerpo se extiende tan rápido como éste le deja.
Todo a empeorado y hoy su historia es la que quiero compartir. Su historia al igual que otra me ha servido a mi de ejemplo para vivir. Su vida se apaga poco a poco entre los brazos de su familia. Ningún amigo le visita, debido a su voluntad. Está postrado en la cama y sin poder comer y apenas moverse. Ha adelgazado más de 45 kg y quien sabe si no perderá más kilos.
De casi tres años de vida que le daba, no va a llegar ni a uno. Para que veáis que la vida es muy perra y que mientras unos están postrados en la cama sin poder salir a la calle, otros están por ahí criticando todo lo que la vida con ella.
Solo pido que seáis más realistas, que viváis pero sobretodo que sintáis. No pido organizaros la vida; pero si obligaros a abrir los ojos ante situaciones extrañas. Da igual lo guay que seáis, lo bien que sepáis vestir o lo guapos que seáis. Los valores esos no lo son todo, lo realmente importante es tener los pies en la tierra y saber valorar lo realmente importante de lo que no lo es.
Solo os aconsejo que hagáis lo que os nazca de vosotros sin importar el que dirán, así seréis quienes realmente queréis.
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