miércoles, 28 de mayo de 2014

La vida, aquel enigma tan grande.

Hoy, día como otro cualquiera, me he atrevido a escribir como cada día intento. Algunos días con éxito, la mayoría de otros tanto sin él; pero la inspiración no va con una todos los días. Parece ser que hoy las palabras salen de mi un tanto coherentes y creído tener la suficiente capacidad para poder crear una historia. Bueno, mejor dicho he creído tener la valentía para contaros una historia, no mía, sino de alguien cercano a mí. Dejo atrás hoy realidades mezcladas con la ficción para dar paso a la realidad absoluta. Hoy no se trata de mi, se trata de vosotros, de él, del mundo en concreto. Dejo atrás todo lo dedicado a mi y abro paso por un día a una realidad que va conmigo pero paralela a mi. Sin más dilación comenzaré, no se como ni por donde, pero de alguna manera me las ingeniaré.
Las historias como esta conmueven a parte de gente a otra la repugnan y a la gran mayoría les son indiferentes. Mirar yo no quiero ni conmover ni repugnar y menos sentirme indiferente. Lo único que quiero es que aquel que lea esto - eso sí sin ninguna obligación - reflexione, cierre la pestaña o haga lo que realmente sienta, que es lo realmente importante. Yo soy partidaria de las historias, de las lecciones y de todo aquello que sirve para aprender y ésta historia - real por cierto - me ha conmovido y más porque la vivo de cerca.
Me acuerdo de aquel día que sonó el teléfono, como de costumbre en mi casa. Es una cosa que odio, sobretodo si ya ha sonado incontables veces. Bueno, eso ahora da igual. Yo como siempre me levanté dispuesta a cogerlo; pero mi madre se adelantó como de costumbre. Pregunté quien era y mi madre sin más dilación me lo dijo, y yo satisfecha regresé a mi habitación.
Después de una larga conversación por teléfono, algo más larga de lo normal conociendo a mi madre, el teléfono fue colgado. Yo salí de mi habitación desprevenida, a preguntar todos los detalles sobre la llamada - sí ya lo se, muchos me tacharéis de cotilla; pero yo lo tomo como que me preocupo por cada una de las personas que llama y más si son cercanas a mi-. Mi madre me contó todo lo que había oído al otro auricular y yo me limité a escuchar y ha asentir con la cabeza. Finalizada nuestra conversación me surgieron un montón de preguntas que no formule, porque ya sabía la respuesta - había vivido otra situación parecida-. Regrese a mi habitación y seguí a lo mio, hasta que salí a cenar, donde de nuevo salió el tema de conversación telefónica. Yo opté por escuchar y no hablar.
Bueno alguien se preguntará que porque tanto misterio, bueno pues porque quiero desvelar cada uno de los detalles sin alejarme de la realidad y menos sin meter a la gran parte implicada.
Sí, un amigo de toda la familia durante años había caído enfermo; pero la enfermedad según los médicos había sido cogida a tiempo. Su mujer era precavida, sus hijas un poco alocadas pero con los pies en la tierra y los amigos de alrededor sólo esperábamos buenas noticias acerca de aquel hecho. 
No es la primera vez que esperas que todo salga bien y ocurra todo lo contrario. Así fue, las cosas fueron empeorando poco a poco. Si había algún hilo de ver la luz o de conseguir esperanza se esfumaba en la siguiente consulta con el médico. Yo seguía su evolución en silencio, como debía hacerlo, según su voluntad y la de todos. 
Hoy, ha pasado casi un año y todo sigue su curso pero a peor. La enfermedad, esa de cinco letras que es tan temible a los ojos de todo sigue su curso. Nada ni nadie es capaz de pararla. Una vez se asienta sobre las células de tu cuerpo se extiende tan rápido como éste le deja.
Todo a empeorado y hoy su historia es la que quiero compartir. Su historia al igual que otra me ha servido a mi de ejemplo para vivir. Su vida se apaga poco a poco entre los brazos de su familia. Ningún amigo le visita, debido a su voluntad. Está postrado en la cama y sin poder comer y apenas moverse. Ha adelgazado más de 45 kg y quien sabe si no perderá más kilos.
De casi tres años de vida que le daba, no va a llegar ni a uno. Para que veáis que la vida es muy perra y que mientras unos están postrados en la cama sin poder salir a la calle, otros están por ahí criticando todo lo que la vida con ella.
Solo pido que seáis más realistas, que viváis pero sobretodo que sintáis. No pido organizaros la vida; pero si obligaros a abrir los ojos ante situaciones extrañas. Da igual lo guay que seáis, lo bien que sepáis vestir o lo guapos que seáis. Los valores esos no lo son todo, lo realmente importante es tener los pies en la tierra y saber valorar lo realmente importante de lo que no lo es.
Solo os aconsejo que hagáis lo que os nazca de vosotros sin importar el que dirán, así  seréis quienes realmente queréis.

martes, 27 de mayo de 2014

Realidad, amor y ficcion.

- Acuérdate de todo aquello que dijo aquel señor de ojos profundos, pelo laceo y rubio, de aspecto desarreglado y lleno de sabiduría. 
- ¿Qué dijo?
-¿ Es que ya no te acuerdas o qué?
-No, la verdad es que no.
- La historia que nos contó, la lección que nos dio a los dos.
- ¿Que lección?¿Qué dices?
- Ves, a esto me refiero.
- ¿ A qué?. Me estas sacando de mis casillas.
- Empezaré de nuevo, porque esta visto que tienes memoria para lo que le interesa.
- Bueno o empiezas o me voy.
- Allá voy. Íbamos los dos por la calle principal, tú pensando en tus cosas y yo como de costumbre riéndome en el grupo de whatsapp con mis amigas. De repente, nos paramos en un paso de cebra para cruzar. Así en cuestión de décimas de segundo, en un abrir y cerrar de ojos una chica empezó a cruzar un paso de cebra y un descerebrado no paró. Su moto llevó por delante a la chica que cayó al suelo desmayada, con un golpe fuerte en la cabeza y su sangre por el suelo debido a las grandes contusiones y graves heridas que recorrían su cuerpo.
- Un momento.
- ¿Qué?
- Creo que ya me acuerdo... ¿pero?
- ¿Pero qué?
- Nada...
- Entonces sigamos. Tu y yo estábamos en shock sin saber que hacer. Bueno en realidad nadie sabía que hacer, nadie reaccionaba. El tiempo parecía parado y lo peor, la moto parada seguía su curso sin pararse. El tiempo se activo de repente, sin tiempo para pensar que hacer o que decir. A unos pocos metros, el conductor de aquella moto giro la vista atrás y cayó de la moto. Saltaron chispas en la carretera y el conductor fue a parar hacia una pared contra la que se golpe. Aun así llevaba el casco puesto. Bueno, que me desvió de la historia. Corrí hacia la chica, el tráfico se paro. Los conductores y copilotos de los vehículos bajaron. Unos fueron corriendo a por el chico y otros corriendo a mi lado a socorrer a la chica. Todos querían tocarla y yo dije que nadie la moviera, era peligroso. Lo único que podían hacer era llamar a la ambulancia. Había adquirido conocimientos de primeros auxilios, y sabía como llevar la situación de los accidentes. Fui hacia la chica mientras venía el ambulancia, la intenté despertar y reaccionó. 
Volví a pedir ayuda para que la mantuvieran despierta y estuvieran al quite del ambulancia; mientras yo iba hacia aquel motorista que la había atropellado. Pregunté alrededor del chico y me respondieron con una sonrisa, estaba bien, o eso parecía. A simple vista solo tenía magulladuras y el golpe en la cabeza era secundario, o eso creíamos todo. 
Oí la sirena del ambulancia y corrí de nuevo hacía la chica. Estaba consciente aunque la costaba, la dije que aguantase que pronto terminaría todo aquello. En definitiva, lo único que esperaba era al ambulancia. Justo en ese momento llegó. Les informé de las dos situaciones y ambos equipos médicos se dirigieron a cada uno de los chicos. 
La situación de la chica empeoró tanto, que nada se pudo hacer por ella. La crisis que sufrió fue mortal. Mientras, el chico iba hacia el hospital en ambulancia.
- ¿Vas a terminar ya o que?
- Hay que pesado, ya voy. Todo se despejó en segundos, pero la imagen de aquel accidente no se borraría de mi en años. De repente, volví a la realidad y te busqué desesperada, hasta que te encontré en el suelo sentado, llorando, cabizbajo. Te pregunté que te pasaba y tu no quisiste contestar. Yo en vez de insistir más, evité preguntarte. Hasta que tú dijiste menos mal que no has sido tú.
Entonces, yo contesté que a que se refería conmigo. Y entonces tú me dijiste mirándome a los ojos, no quiero perderte, no lo soportaría. Simplemente sonreí y le dije venga vayamos a casa.
Nos disponíamos a continuar cuando un señor que había visto el accidente nos paró y dijo lo siguiente: no olvidéis nunca este momento, no para que recordéis el pobre destino de esta chica, sino para que exprimáis la vida por todos sus lados. Recordad que nada es lo que parece y que hoy puede ser el último día que piséis la calle .
Tu y yo solo agachamos la cabeza y fuimos hacia casa de nuevo.
- ¿Y para que me sirve tanto sermón?
- Ricardo joder, date cuenta.
- Darme cuenta ¿de que?.
- ¡Cómo que de que!, de aquello que me dijiste aquella tarde.
- Mmmm... No se, no me acuerdo.
- Joder, de que cualquiera de los dos, bueno mejor dicho yo, podía haber perdido la vida.
- ¿Y?
- Como que ¿y?. No me seas cínico, aquel día agachaste la cabeza y viste la realidad. Reconocelo, no te cuesta nada.
- Vale sí, aquel día me marcó y me aferró cada día a ti, aun en la distancia. No olvidaré aquella tarde jamás, y menos la idea de que tu podías haber caído allí, llena de magulladuras y heridas, con un golpe mortal en la cabeza. Y más que tu vida se hubiera escapado entre mis manos sin pode hacer nada.
- Ves tan difícil es reconocerlo.
- No.
- Entonces...
- Entonces nada, déjalo.
- ...
-Tamara, quiero que me prometas una cosa.
- A ver, ¿el qué?
- Esto es serio
- Yo estoy seria, dime.
- Quiero que me prometas que en la distancia, en la cercanía, juntos, separados o en cualquier lugar del mundo me llames cuando necesites, si es necesario todos y cada uno de los días que nos queden de vida. Solo con oír tu voz yo seré feliz.
- Prometido.
- Y una cosa más
- ¿El qué?
- Que nos digamos cada día de manera directa o a nuestra manera que nos queremos. Prima, hermana TE QUIERO.
- Yo si que te quiero, más de aquello que imaginas.