Un buscador es alguien
que busca; pero que no necesariamente encuentra. Hace tiempo alguien me contó
la historia de un buscador, una persona humilde y honesta. Un caminante en toda
regla, recorría miles de kilómetros atravesando ciudades de punta a
punta. Era su especialidad, su hobby, la vía de escape para cualquiera de
sus problemas y el método de conocer gente, nuevas culturas y costumbres. Cada
ciudad era diferente y a la vez peculiar, eso era su recompensa a todo el
esfuerzo. Un día, después de tanto esfuerzo llegó a otra ciudad, entre las
tantas que había pisado y a primera vista se enamoró de ella, todo lo que
buscaba en cada uno de los sitios que pisaba lo tenía aquella ciudad de nombre
desconocido y de apariencia espectacular.
Recorrió cada uno de los
lugares a paso de tortuga, fijándose en cada detalle e intentando sacar la
esencia de cada edificio. Después de recorrer aquella ciudad de punta a punta, descubrió de la manera más inocente un prado verde, precioso por cierto, lleno de un color vivo proporcionado por las miles de flores que en relucían gracias a la brillante luz del sol. Solo pensaba en pisar aquel prado, y como es de esperar continuó caminando hasta llegar a él. A medida que se aproximaba, sus pasos comenzaban a acelerarse cada vez más, hasta que un instante absurdo despegó los pies del suelo y sin darse a penas cuenta en tan solo unas décimas de segundo ya estaba en aquel prado.
Miró a su alrededor y encontró un montón de montículos que sobresalían y por supuesto llamaban la atención de todo aquel que pisará el prado.
Y como no, por pura y simple curiosidad se paró en cada uno de los montículos que había y empezó a leer sus inscripciones, y realmente se sorprendió del contenido: "Joel, 8 años 3 meses y 5 días". De repente se dio cuenta de que aquello eran lápidas de niños que no superaban ni los 11 años de vida, y como era de costumbre se echo a llorar sobre el prado, maldiciendo a toda aquella ciudad de tener una maldición impuesta por la peor persona de la faz del planeta. En ese mismo instante sintió que alguien lo agarraba por el hombro y lo levantaba del suelo, él sin secarse las lágrimas que le caían de los ojos, levantó la cabeza y honestamente y de la manera más educada posible le transmitió aquel señor que estaba frente a él todo lo que pensaba de aquel lugar.
El señor soltó una carcajada limpia, sin falsedades y el propio buscador se ofendió tanto que huyó por patadas, pero antes de que éste pudiera hacerlo, el señor lo paró y le dijo aquí en esta ciudad contamos y apuntamos en una simple libreta el tiempo que dura cada momento, cada risa, cada llanto, cada abrazo, cada gloria, cada beso, cada caricia, cada lágrima... en resumidas cuentas contamos lo que dura cada momento de la vida, y en después de muerto, cogemos la libreta de cada habitante y sumamos todo el tiempo disfrutado después de cada momento. Así de simple solo apuntamos cada momento vivido...cada momento, ya que <<todo el tiempo disfrutado para nosotros es el único y verdadero tiempo vivido.>>

