De repente sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.
Una mano rozó mi espalda.
Me giré sobresaltada y mira que casualidad, eras tú.
No supe como actuar, que decir o que hacer.
Mi cabeza daba vueltas y mi corazón latía más fuerte que nunca.
El tiempo pasa como huracán, arrasando todo.
Dos minutos después nos habíamos despedido.
Nuestro encuentro más corto y raro.
El día de hoy no acompañaba, la compañía tampoco; pero aún así rompiste mis esquemas de nuevo.
Remueves el sentimiento que oculté el último día que te vi.
Causas las sensaciones que me prometí no volver experimentar, desde aquel día que me dije a mi misma que lo nuestro era inviable.
Las ganas acompañan a las miradas que hablan por sí solas.
Las sonrisas dicen lo que las palabras no son capaces de hacer.
Todo acompaña.
Ah no, se me olvidaba. Los hechos no lo hacen, y las promesas se escapan como el agua lo hace entre los dedos.
Por mi, un poco menos por ti inicié una historia de la que creía saber el final.
No fue así.
Hoy sigue sin serlo, al igual que mañana.
Los capítulos de un libro deben empezar y acabarse para poder cerrar el libro.
Nosotros no lo hicimos.
Y las dudas nos comerán toda la vida.