domingo, 10 de mayo de 2015

Apareciste de la nada y me golpeaste tan fuerte como lo hace el viento en los días de tormenta. Te vi y al mirarte a los ojos me quedé helada, fría como el hielo. Sí, me rompiste los esquemas en aquel momento, bueno en realidad haces que mis esquemas se rompan todos los días.
Yo no podía para de sonreír, quizá disimuladamente para que no te dieras cuenta. Sólo para que no dijeras o pensaras quien es esa que sonríe como una loca.
El tiempo pasaba y no yo era capaz de encontrar una explicación a todo lo que me pasaba. Había días que pensaba seré sólo yo o mi imaginación, y otros días pensaba que quizá fuéramos los dos y aquella historia podía convertirse en verdad.
La verdad de las sonrisas que nos dirigimos cada día, la vergüenza de esconder lo que realmente sentimos y el orgullo de no ser capaces reconocerlo ante las personas que saben lo que existe entre nosotros y aquellas que desean con las mismas ganas que nosotros que demos el ansiado paso.
Paso que conlleva dudas, tantas dudas que a veces he llegado a plantearme que todo era cosa mía y que en realidad no existía nada. 
Nada que en realidad es todo lo que no te atreves a decir, lo que niegas con palabras y contradices con los hechos. Llámalo como quieras, indirectas o directas a tu manera, pero hechos al fin y al cabo.
Si tú eres de los que crees que el miedo puede más que las ganas estás completamente equivocada. 
Sí, no niego que tenga carácter o que pueda ser más fría; pero fíjate en cómo soy contigo, en los pequeños detalles o en las miradas y sonrisas que nos dirigimos. Y aun así, si sigues sin creer, pregúntale a la gente y estoy segura de que dirá que estamos hechos el uno para el otro, que hacemos buena pareja y mil cosas más que ya sabes, porque al igual que a ti me las han dicho.
Aunque no hace falta saberlas ni ser muy listo para darse cuenta de lo que hay.
Hay más sonrisas que enfados, y si hay enfados rápidamente vuelven las sonrisas. Hay miradas que lo dicen todo, tanto que somos capaces de devorarnos con ella e incluso saber y comprobar que ambos deseando que ocurra aquello que deseamos. 
Hay de todo, incluyendo en el todo, los días malos, en los que ambos preguntamos a la mínima que ocurre y es eso y una una sonrisa lo que hace que nos recompongamos al instante. La mirada del otro hace que por un momento se pare el mundo y seamos capaces de olvidar lo que antes nos hubiera pasado.
Podría ser capaz de enumerar miles de cosas que pueden evidenciar que existe una máxima tensión, que puedes clarificarla como quieras. Tensión que se nota todos los días con el tonteo que ambos nos traemos, en los piques que a cada minuto iniciamos, las tonterías que somos capaces de soltar por la boca y los celos que inconsciente o conscientemente mostramos.
Sí, se puede decir que es que no podemos vivir el uno sin el otro, eso sí siendo capaz de disimularlo en pocas ocasiones.
Sólo nos queda arriesgar, cosa que pocas veces hacemos y ver de que somos capaces. 
Seamos capaces de dejar a un lado la timidez, el orgullo y el miedo que nos caracteriza porque no se si sabes que ya nos hemos delatado, tú a mi y yo a tí. Bueno en realidad, nos hemos delatado ante los demás, ya que las ganas ahí están.
Ganas que no desaparecen, y que son capaces de cegarnos el pensamiento; pero recuerda que las ganas pueden más que la cabeza, las ganas acompañan a lo que el corazón siente y a lo que dice en silencio.
Decir es lo que tenemos que hacer, ser capaces de mirarnos a los ojos y decir la verdad de lo que sentimos.
El día que eso ocurra habrá acabado todo obstáculo y saldrá a la luz la historia que creemos que nadie sabe y en realidad sabe todo el mundo.