domingo, 1 de marzo de 2015

La duda de arriesgar o callar.

Arriesgar conlleva dos opciones ganar o perder, y dicen que aquel que apuesta todo a ciegas tiene todas las de ganar. Las contradicciones se producen por dos partes del cuerpo: la cabeza y el corazón.
La cabeza es parte sensata de nuestro cuerpo, aquella que dice lo que debes hacer, la que te indica lo que está bien y lo que está mal. La cabeza tendrá infinitas ventajas; pero es la única que no habla ni piensa con claridad.
El corazón, por el contrario, es el órgano que actúa, que decide apostar a ciegas, diciendo lo que realmente siente.
No siempre nos atrevemos a hablar con el corazón y así la mitad de las veces perdemos lo que realmente queremos. Aunque también en muchas ocasiones lloramos por haberlo hecho y en un número poco probable nos sirve para ganar.
El miedo es otro factor que juega en contra.
Hay tantos miedos, que la mitad de ellos ni los conocemos, la otra mitad los ocultamos y tan solo dos de ellos los reconocemos.
El miedo al amor es el más común y el más absurdo. Da igual cuánto miedo tengas a decir “te quiero” o cuanto temor tengas en confesar que alguien te gusta, ese es el momento de arriesgar
Por miedo nos perdemos cosas maravillosas, como perder al amor de tu vida o solo un lío pasajero; pero jamás nos paramos a pensar que dejar a un lado el miedo puede hacerte el día de mañana más feliz de lo que eres hoy.
Atrevete a decir a esa persona con palabras lo que dices cada día con tus ojos.
Atrevete a decir lo que tu pensamiento esconde y expresas mediante sonrisas.
Atreve a gritar a esa persona que apareció en tu vida y rompió los esquemas como nadie aún lo había hecho.
Atrevete a creer en la suerte de los martes 13, de los gatos negros o de los espejos rotos; pero sobretodo atrévete a no esquivarla.
Atrevete a mirar a los ojos y decir la verdad.
La verdad siempre lleva consigo algo bueno, aunque a veces sea peor el remedio que la enfermedad.
Acompaña la verdad de la demostración con hechos, y haz que los hechos se correspondan con las palabras.
El miedo al que dirán por mantener las apariencias es lo peor que uno puede hacer, al igual que mostrar las dos caras de la moneda por miedo a enamorarse o encontrarse con ese alguien todos los días.
Que más da, la vida es algo que se pasa más rápido de que creemos y pensamos, y no hacer lo que cada uno siente o desea en el momento adecuado puede conllevar lamentaciones, ya que nos pasamos la mitad del tiempo lamentándonos por lo que pudo o no pasar, en vez de hacer que pase.

El destino está escrito y las casualidades existen, no hace falta que busque nada porque llega sólo; pero lo único que debes hacer es que cuando llegué, sea o no el momento adecuado seas capaz de aprovechar la oportunidad.