Arriesgar conlleva dos opciones ganar o perder, y dicen que aquel que
apuesta todo a ciegas tiene todas las de ganar. Las contradicciones se producen
por dos partes del cuerpo: la cabeza y el corazón.
La cabeza es parte sensata de nuestro cuerpo, aquella que dice lo que
debes hacer, la que te indica lo que está bien y lo que está mal. La cabeza
tendrá infinitas ventajas; pero es la única que no habla ni piensa con
claridad.
El corazón, por el contrario, es el órgano que actúa, que decide
apostar a ciegas, diciendo lo que realmente siente.
No siempre nos atrevemos a hablar con el corazón y así la mitad de las
veces perdemos lo que realmente queremos. Aunque también en muchas ocasiones
lloramos por haberlo hecho y en un número poco probable nos sirve para ganar.
El miedo es otro factor que juega en contra.
Hay tantos miedos, que la mitad de ellos ni los conocemos, la otra
mitad los ocultamos y tan solo dos de ellos los reconocemos.
El miedo al amor es el más común y el más absurdo. Da igual cuánto
miedo tengas a decir “te quiero” o cuanto temor tengas en confesar que alguien
te gusta, ese es el momento de arriesgar
Por miedo nos perdemos cosas maravillosas, como perder al amor de tu
vida o solo un lío pasajero; pero jamás nos paramos a pensar que dejar a un lado
el miedo puede hacerte el día de mañana más feliz de lo que eres hoy.
Atrevete a decir a esa persona con palabras lo que dices cada día con
tus ojos.
Atrevete a decir lo que tu pensamiento esconde y expresas mediante
sonrisas.
Atreve a gritar a esa persona que apareció en tu vida y rompió los
esquemas como nadie aún lo había hecho.
Atrevete a creer en la suerte de los martes 13, de los gatos negros o
de los espejos rotos; pero sobretodo atrévete a no esquivarla.
Atrevete a mirar a los ojos y decir la verdad.
La verdad siempre lleva consigo algo bueno, aunque a veces sea peor el
remedio que la enfermedad.
Acompaña la verdad de la demostración con hechos, y haz que los hechos
se correspondan con las palabras.
El miedo al que dirán por mantener las apariencias es lo peor que uno
puede hacer, al igual que mostrar las dos caras de la moneda por miedo a
enamorarse o encontrarse con ese alguien todos los días.
Que más da, la vida es algo que se pasa más rápido de que creemos y
pensamos, y no hacer lo que cada uno siente o desea en el momento adecuado
puede conllevar lamentaciones, ya que nos pasamos la mitad del tiempo
lamentándonos por lo que pudo o no pasar, en vez de hacer que pase.
El destino está escrito y las casualidades existen, no hace falta que
busque nada porque llega sólo; pero lo único que debes hacer es que cuando
llegué, sea o no el momento adecuado seas capaz de aprovechar la oportunidad.